Resumo: En este escrito intentaremos revisitar
el asunto de las políticas públicas de información
en América Latina. Lo hacemos conscientes de que habitamos en y
hablamos desde territorios ubicados en los márgenes de la periferia,
muy alejados del concierto global de los actores protagónicos. Desde
tal perspectiva, intentaremos explorar aquí algunas vías
pragmáticas y modestas para iniciar un reposicionamiento de las
políticas públicas de información, un rediseño
viable de las mismas en el entorno global nuevo e incierto en que estamos
entrando.
Palavras-chave: Políticas Públicas;
Información en América Latina; Globalización en América
Latina; Política de Información
Abstract: This paper will try to reconsider the
question of Latin America information public policies. We are conscious
we live and talk from the borders of peripheral territories, we are very
far away from the protagonic actors' global concert. From that perspective,
we will try to explore some pragmatical and humble threads aiming at a
repositioning of information public policies, a feasible redesign of them
in the new and inpredictable global environment we are going nowadays in.
Keywords: Public Policies; Information in Latin
America; Globalization in Latin America; Information Policy
En este escrito intentaremos revisitar el asunto de las políticas públicas de información en América Latina. Lo hacemos conscientes de que habitamos en y hablamos desde territorios ubicados en los márgenes de la periferia, muy alejados del concierto global de los actores protagónicos. Desde tal perspectiva, intentaremos explorar aquí algunas vías pragmáticas y modestas para iniciar un reposicionamiento de las políticas públicas de información, un rediseño viable de las mismas en el entorno global nuevo e incierto en que estamos entrando.
Las políticas públicas son en sí mismas un terreno lleno de fragilidades e incertidumbres. Y más aún, cuando su terreno de gestación y aplicación ha sido y son los países de América Latina. (Dror, 1997a).
Sin embargo, cabe reparar en un hecho singular. En medio de las acciones de intervención o meramente orientadoras de los cambios sociales y económicos que emanan desde lo público, ha habido un área particularmente venida a menos. Un especie de pariente pobre de las políticas públicas. Nos referimos a las acciones programadas asociadas a la información.
Las políticas públicas de información constituyen un área que –lamentablemente- nunca ha conseguido instalarse en los lugares preferenciales de la agenda de los gobiernos en los países de la América Latina. Pero, además, cuando se había logrado avanzar en la formación de tales políticas, se intentaba su reacomodo más favorable al interior del conjunto de las políticas públicas, y cuadros de especialistas acumulaban una experiencia valiosa, ocurrió lo inesperado: las políticas públicas de información han sido- sin previo aviso- arrasadas, dejadas sin piso o seriamente debilitadas. La acción abarcadora y enérgica de la cruzada neoliberal, los nuevos modelos de gestión pública, y en fin la influencia de cuanto credo y experimento social ha venido recorriendo el mundo -y desde luego nuestra vapuleada región- en los últimos años, han tenido efectos devastadores sobre todas las políticas públicas. Desde luego, los efectos erosionantes han sido más acentuados en aquellas áreas de política pública históricamente más frágiles, ya sea por estar insuficientemente sustentadas por organizaciones creíbles, por no disponer de marcos legislativos sólidos y normativas aplicables, o por atender -en general- asuntos pocos comprendidos, intangibles o percibidos como menos urgentes para y por la población.
Nos hemos reencontrado hace muy pocos meses con el tema de las políticas
públicas de información, y por lo tanto no hemos tenido el
tiempo suficiente para realizar una investigación rigurosa de la
situación que al respecto mantiene América Latina. Pero así
todo no podemos menos que imaginar un panorama desolador en las diferentes
organizaciones públicas, que hayan tenido o pretendan tener alguna
ingerencia en las políticas públicas de información.
Sin duda, habrá sido difícil para tales organizaciones el
cumplir su misión y sus mandatos de promoción del uso apropiado
del conocimiento, la información y la comunicación. Ello
en medio del incesante oleaje de la acción coherentemente reconstructiva
de organismos externos que han ido rediseñando política y
administrativamente los estados nacionales y la esfera de lo público-estatal.
Y en un ambiente de conciencias adormecidas por un mensaje repetitivo
y concertado de asociaciones empresariales de las industrias de las TICS,
amplificado por los medios de comunicación globalizados y por los
gobiernos alineados externos a la región, de que nos encaminamos
fluidamente hacia un mundo mágico donde la información será
accesible digitalmente por todos y para todos –sin exclusiones- y cubrirá
todas sus necesidades.
¿Dónde están hoy las políticas públicas de información?
En 1990, la UNESCO, publicaba en las últimas etapas de su casi mítico Programa General de Información, un acto pleno en significaciones, un manual metodológico para diseñar e implementar políticas nacionales de información. (Montviloff, 1990). Este documento había sido producto de un pensamiento trabajado por años, por muchos cerebros y voluntades. Sus procedimientos y conceptos habían sido sometidos a prueba en diferentes terrenos, y extensamente difundidos en todo el mundo. En torno a sus planteamientos -inspirados en gran medida por los principios de la ciencia abierta y la cooperación que motivaron el sueño UNISIST- cerramos filas esperanzados en América Latina -casi indistintamente del Estado-nación que se tratase [1]. El manual de formulación de políticas de información. representó, a nuestro juicio, la culminación de un conjunto extenso de estudios, publicaciones, manuales, y seminarios nacionales y regionales donde todos aprendimos y maduramos las ideas fuerza que acompañaron y todavía acompañan nuestras acciones: las de la información como recurso y como proceso clave del desarrollo.
Eran los inicios de los noventa, un momento en que el pensamiento se engendraba todavía en el seno de un mundo bipolar, reagrupado en dos grandes bloques, donde se era cuidadoso para mantener los necesarios equilibrios. Allí funcionarios y consultores movilizados por una organización internacional vinculada a la educación, la ciencia y la cultura fueron capaces de pensar –contemplando los serenos jardines de la Place de Fontenoy -en una política nacional, en una política pública tipo para sus países miembros, en una política que tuviera como propósito optimizar y articular desde un estado benefactor los procesos informativos en las sociedades nacionales y entre éstas y el resto del mundo.
Y el pensar y adoptar un pensamiento así, hoy probablemente apreciado como algo extraño y demodé, fue, a lo más, un pecado venial. Se trataba de una creación gestada en un mundo donde aún no se cuestionaba abiertamente o eran muy minoritarias y encubiertas las críticas al Estado de Bienestar. En un mundo donde, los mismos gobiernos de los países industrializados, podían ejercer todavía cierto control sobre los mercados y sus actores. En ese escenario en equilibrio relativo, y con un entorno que se suponía abierto, benigno y proclive a la cooperación internacional era entonces válida y posible la inquietud de intentar ¨domesticar¨ -desde el estado nacional- un recurso tan intangible como interpenetrador de todas los tejidos y texturas sociales y que sigue siendo clave en el proceso de desarrollo: la información.
Claro, nuestro pecado de juventud residió -entre otras cosas- en que no supimos ver en aquel entonces los cambios que se avecinaban en el orden mundial, seguramente ya larvados y en silenciosa gestación, y menos su posible significación para las políticas de información –principalmente las de cuño científico-tecnológico que la propia UNESCO había conseguido perfilar en esos años. Tampoco hicimos una lectura correcta del choque de posiciones entre Norte y Sur sobre el nuevo orden informativo mundial, escisión profunda manifestada abiertamente en la propia UNESCO. Y, tampoco asociamos esa discrepancia con el estrechamiento de filas y la unificación de propósitos de los países industrializados sobre temas tales como las patentes y los derechos autorales, y más adelante los flujos del comercio internacional
La construcción de enlaces y asociaciones entre hechos y acciones aparentemente aislados resultan difíciles cuando el conocimiento y las profesiones que lo forman, desarrollan y aplican, están parceladas, y sus miembros invierten demasiado tiempo en la construcción de muros y protección de fronteras conceptuales y metodológicas. Así, no supimos percibir el mensaje de fondo, claro, unidireccional, que llegaba al Sur desde el Norte a través de diferentes canales: la información, la comunicación y el conocimiento eran definitivamente materias opinables pero intocables.
Nos hemos venido asimismo dando cuenta que nuestros estados nacionales están descolocados y fragmentados -en un grado mucho mayor- que lo que les sucede a sus similares de países industrializados.(Hein,1994 ). También, hemos percibido el costo alto para el estado nacional latinoamericano promedio de asumir y entregarse -a ratos con docilidad y resignación y a veces sin muchas opciones viables- a la apertura internacional de los mercados, y al dejar hacer para que diferentes actores corporativos de países industrializados estimulados y protegidos por sus gobiernos pudiesen darse a la tarea de expandir y crear nuevos mercados.
Así, ha sido significativa la pérdida de los márgenes de maniobra de los estados nacionales latinoamericanos para formar y gestionar políticas públicas. Aunque se dice en voz baja o no se dice, o se actúa como si el estado nacional habitase al interior de una suerte de burbuja impenetrable y protegida de los embates externos- lo cierto es que nuestras autoridades políticas –cualquiera que haya sido y sea la legitimidad de su gestación, su origen como autoridades y su ideología declarada o implícita- se hayan ido encontrando con que disponen de un espacio cada vez más asfixiante y pequeño para formular políticas públicas de cualquier tipo y en cualquier área. Y han ido descubierto pragmáticamente que el comando de la acción está -cada vez más- en otras partes. (Ianni,1997)
En coherencia con lo anterior, surgieron directivas centrales de desmantelamiento silencioso de todas o casi todas las unidades de organizaciones internacionales con alguna acción en el terreno de la información en el Tercer Mundo, se descontinuaron programas de cooperación y se dejó de invertir en el desarrollo de muchos actores y recursos que componen el sector de la información para poner la atención en otros actores emergentes y recursos más vinculados a las tecnologías de información y comunicación, TICS.
La intratabilidad de-facto de muchos de los temas históricos asociados a la información, comunicación y conocimiento en los ámbitos inter-naciones y la debilidad creciente de los estados nacionales (Francais, 2000) y de la asistencia internacional focalizada en temas de información han tenido -como era de esperar- un efecto profundo, en nuestra posibilidad de dar sustentabilidad a las políticas públicas de información. El resto –no menor- que completó este cuadro lo aportó la irrupción de la Internet, con su aparente descontrol juguetón y su alta velocidad de propagación y el ingreso simultáneo, creciente y -casi sin contrapeso local serio- de las industrias internacionales de la información y la comunicación en nuestros ambientes nacionales y locales, con sus pendones, símbolos y culturas incorporadas.
Así los organismos especializados y los de dentro y fuera de la región encargados tradicionalmente de los temas de información han debido transitar por un pedregoso proceso de anomia y frustración creciente frente a los espacios perdidos. Y han debido enfrentar, la incómoda sensación del vacío que se tiene cuando no se puede actuar más sobre aquello que uno mismo contribuyó a crear o que habiendo sido creado por otros, se logró aprender a apreciar. Esto, porque aquello simplemente no existe más, es irrelevante, o no es aplicable al interior del brave new world.
Pero todo no termina allí. Como respuesta instintiva a tal sensación de vacío nos hemos aferrado desesperadamente a cualquier salvavidas. Como lo hace todo ser humano en un naufragio. En este caso nos hemos abrazado a la promesa, nunca explicitada o probada, del surgimiento de nuevos conceptos-metáfora y paradigmas-metáfora. Uno de estos conceptos, cuya ambigüedad fue detectada tempranamente en las sociedades donde fue originario (Tremblay, 1995), es el de la sociedad de la información.
Así hoy resulta sintomático -aunque no sorprendente- observar cómo la noción de la sociedad de la información, ha logrado en breve plazo llegar a forma parte de la agenda política de nuestros gobiernos. Ello a pesar de que poco se sabe aún sobre qué es (o llegará a ser) y cómo funciona dicha sociedad. Tampoco existe claridad todavía –incluso en los países industrializados (Aun, 1999) [2] – sobre lo que significa su implantación, si será viable o no y deseable o no en todos los ambientes y territorios, o si existen o no opciones alternativas o variantes.
En este estado de cosas, actores bien preparados nos convocan a foros mundiales para tratar el tema de la sociedad de la información y nos esperan allí ya sea como representantes de gobiernos o como miembros de diferentes organizaciones. Foros a los que -en mi opinión- una gran mayoría de países latinoamericanos y organizaciones con sede en la región asisten apresuradamente, improvisando una vez más.
Pero, no podemos ni queremos ver sólo el lado sombrío de la cuestión.
En el inicio del milenio han surgido promisoriamente, por aquí y por allá -en el mundo y en nuestra región- voces interesantes, aggiornadas en el tema de las políticas de información. Ciertamente tales voces ya no configuran un canon semejante al que entonábamos en los noventa, un pequeño coro de entusiastas mirando de reojo las parisinas partituras del organismo mundial de la educación, la ciencia y la cultura.
Pero, todavía está latente la posibilidad de una nueva
oportunidad. La de que las voces emergentes junto a los practitioners
de información sobrevivientes de épocas pretéritas
- logren constituir un nuevo espacio para retomar el tema de las
políticas públicas de información en los diferentes
ámbitos (local, nacional , supranacional) y mantener vivas las discusiones
sobre el tema de la información y el desarrollo que, opinamos, sigue
siendo tan vital como no resuelto.
Políticas públicas de información: algunos intentos precarios de resucitación
Usamos el término resucitación del tema de las políticas públicas de información, como indicativo de un esfuerzo por revitalizar, poner en pie y en movimiento a un área de las políticas públicas de gran trascendencia en el desarrollo. Pensamos que las políticas públicas de información no han muerto. Están todavía por allí, algunas –muy pocas-operando bien, una buena parte con enormes dificultades, varias amontonadas en el desván de los recuerdos, no operativas pero en principio recuperables.
Aquí se nos abre un abanico de direcciones hacia donde podemos dirigir nuestra imaginación. Una es la de pensar en grande, dirección siempre tentadora, pero por lo general no conducente a logros en ambientes asimétricos [3].
La otra es abordar aquello que nos es posible en la actual coyuntura, lo pequeño, o mejor aún, la sumatoria de esfuerzos de micro o pequeño porte. Sin dejar de olvidar de que operamos en los ambientes periféricos, nebulosos, crecientemente olvidados y relegados de los márgenes, allí donde todavía tenemos alguna posibilidad de movernos. La idea es prepararnos para que la periferia, o en parte de ella al menos vaya creándose condiciones para acompañar dignamente, sólidamente, anticipatoriamente, las discusiones del centro, y eventualmente ir ganando espacios para tener alguna ingerencia en asuntos de interés global como son las políticas de información.
En este terreno podríamos quizás desde ya empezar a trabajar y a intercambiar experiencias en por lo menos cinco áreas de acción que parecen viables y plausibles. Revisaremos brevemente cada uno a continuación.
Acción uno
Construir un mapa dinámico del conocimiento sobre políticas
públicas de información.
Este trabajo habría de hacerse a través del tiempo, sostenidamente,
no como un esfuerzo discreto y terminal. Allí habrían de
considerarse nuevos paradigmas y conceptos y el posicionamiento de
los actores que intentan redefinir los problemas de las políticas
de información y proponer alternativas para abordarlos. No debemos
olvidar que una estrategia probada de reposicionamiento es dominar la agenda
pública y validar una jerarquía de los problemas que deben
ser tratados (Crozier y Friedberg, 1990). Para la construcción
de este mapa del conocimiento podría ayudar disponer de interrogantes
del siguiente tenor en cuanto a las políticas públicas de
información.
¿Qué no se investiga y porqué?
¿Quién está trabajando sobre qué y porqué lo está haciendo?
¿Cómo se distribuye geográficamente la generación de este conocimiento?
¿Qué parte del conocimiento se canaliza a través del mercado?
¿Qué parte del conocimiento es de libre disposición?
¿Qué y cómo se enseña sobre ello?
A título de ejemplo, se podría citar a un proyecto
en curso tendiente a construir un mapa (parcial) de ideas e informaciones
de libre disposición en la Red que pueden ser de interés
para el tratamiento de los diferentes temas asociados a las políticas
de información [4]. Ver <www.jcasociados.cl/TallerAbierto.htm>.
Acción dos
Conocer lo que dicen y han hecho ¨los otros¨ sobre las políticas
públicas en general.
Para resolver los problemas asociados a la formación de las políticas de información se requerirá de un instrumental analítico más actualizado y enriquecido. La gente de información habrían de intentar -más que nunca antes- adoptar una visión periférica o de gran angular, no temerosa y por el contrario curiosa de los aportes que pudieran provenir de otras disciplinas.
Se puede pensar en varios ejemplos de aportes para la formación de políticas públicas de información provenientes del campo de la administración y, en particular, del llamado enfoque de análisis de políticas públicas. (UNICAMP,2002)
Así, hallazgos, planteamientos e interrogantes de trabajos externos podrían generar a su vez preguntas y nuevas orientaciones en el campo de las políticas públicas de información.
Veamos algunos ejemplos, motivadores, que naturalmente no pretenden
agotar el tema. Aquí veremos cómo interrogantes que han inquietado
a los analistas en políticas públicas podrían
también tener su correlato en el ámbito de la formación
de las políticas públicas de información.
* ¿Cómo ha evolucionado la crisis de coordinación
de las políticas públicas? (Cooper, 1997.)
* ¿ Cómo y porqué cambian las políticas
públicas? (Novillo,1998 )
* ¿Cómo pueden afectar los esfuerzos de integración
supranacional a las políticas públicas? (Dror, 1997b)
* ¿Es factible un “buen gobierno” tecnocrático
“ sin la política.? (Kazancigil, 1999)
* ¿Cómo pueden diseñarse nuevas políticas
alternativas de desarrollo social desde la perspectiva de diferentes grupos
sociales (jóvenes, por ej.)? (Rodríguez et Al. , 1999)
* ¿Tiene la política social un potencial productivo?¿En
qué medida se ha olvidado al capital social como parte de la política
social? (Klisberg, 1997)
Acción tres
Reposicionar el tema políticas públicas de información
en ámbitos interdisciplinarios de investigación .
Da la impresión de que – a juzgar por los resultados de búsquedas sistemáticas recientemente realizadas en la Web, - aún se publica poco en esta área en América Latina, o que lo poco se publica está disperso en distintas fuentes y temas. Nos atrevemos a formular la hipótesis de que -en muchos de nuestros países y en muchas de nuestras ciudades importantes en cuanto a disponibilidad de centros académicos y think tanks- habrían escasos grupos o no existirían grupos de investigación fuertes en esta área. En fin, un monitoreo serio acerca de los esfuerzos de investigación regional en políticas de información debiera ser una de las primeras estrategias para mejorar nuestras capacidades de conocimiento, seguimiento y mejoramiento de nuestros esfuerzos investigativos [5].
Acción cuatro
Reposicionar el tema políticas públicas de información
como asignatura docente
Es el caso reconocer de inicio que no disponemos de un levantamiento acerca de la presencia y contenido de las cátedras de políticas de información en los diferentes programa de pre y postgrado de las carreras asociadas a la información en nuestra región.
Una investigación de este tipo permitiría revelar qué
asignaturas adhieren a los modelos
mentales de los 90, y cuáles representan intentos de nuevos
enfoques. También un levantamiento de esfuerzos y experiencias docentes
en nuestra región pudiera ser tan atractivo como necesario.
En la actual coyuntura, vemos tres problemas que habrían de ser
tratados en futuras cátedras aggiornadas:
Acción cinco
Articular un conjunto de observatorios sobre las políticas
públicas de información en América Latina.
Es impensable la existencia de un observatorio único de políticas públicas de información en la región. Lo posible es buscar el intercambio entre varios observatorios nacionales o regionales operados desde centros académicos, empresas de telecomunicaciones, organismos vinculados a las comunicaciones y a los medios, etc. Semejante a lo que se ha intentado en la esfera de otras políticas públicas.(Aguiar, 1999)
Parece interesante conocer la existencia de estos observatorios e investigar
el interés de las organizaciones que los sostienen por juntarse
a compartir experiencias, metodologías y resultados de investigaciones.
Reflexiones finales tentativas
Nuestras políticas públicas de información, y los mandatos, organizaciones y legislaciones que las sustentan son y han sido por lo general incipientes, frágiles, insuficientes, y desarticuladas entre sí, pero sí han existido y existen, al menos formalmente en nuestra región.
Tales políticas, han sido –reconocidamente- el fruto del esfuerzo y de desvelos de a lo menos una generación. Pero una proporción creciente de las mismas han ido pasando –sigilosamente, imperceptiblemente- al desván de los recuerdos, sin que nada ni nadie las haya podido reemplazar ni reposicionar. (Y sin que tampoco, a los gobiernos o a las sociedades civiles les haya parecido importar demasiado, o, que importándoles, hayan podido hacer algo al respecto).
Un renovado interés en este tema debe pasar por el reconocimiento de la alta probabilidad de que las políticas públicas de información no podrán ser ya las mismas en un nuevo orden mundial. Ahora tales políticas habrán de formarse y subsistir en un entorno global y local conceptualmente más multifacético, más colorido y poliforme en términos de actores y escenarios, pero al mismo tiempo más incierto y preocupante.
En este breve escrito hemos intentado explorar –desde los márgenes del concierto mundial de actores protagónicos y recurriendo a estrategias abiertas como es buscar la asistencia de herramientas y conceptos provenientes de otras disciplinas - algunas vías para reposicionar el tema de las políticas de información en un entorno nuevo.
Hemos intentado buscar caminos para iniciar una renovación de nuestro pensamiento. No es fácil quebrar con estructuras mentales. Más aún, cuando a veces nos creemos reconvertidos, siendo que estas creencias sobre nuestro propio aggiornamiento pudieran resultar ser nuestras peores enemigas.
Es esencial que seamos capaces de abrir espacios para permitirnos pensar y para dar a otros la posibilidad de pensar e imaginar. También para estimular el pensamiento de los que llegan a este campo con más energías y con una aparición más reciente en el mundo -los jóvenes- o abrir puertas y ventanas a aquellos poseedores de otros prismas y miradas- gente procedente de otras disciplinas interesadas en los temas de información-. Así podremos intentar -con ellos, y no al margen de ellos o en contra de ellos - montar nuevas líneas de investigación y docencia, construir nuevos recursos de monitoreo, y crear instancias de intercambio de informaciones o inteligencia que permitan desarrollar observatorios compartidos sobre las políticas públicas de información.
Es importantísimo intentarlo si se piensa que, en su conjunto, América Latina se encamina- de manera al parecer inexorable- hacia un estadio donde le esperan las manifestaciones plenas de nuevos ¨frentes de baja presión¨ que ya se acumulan en el horizonte.
En todo caso, nos espera una ardua tarea...
[1] Naturalmente, con matices, énfasis y ritmos provenientes
de nuestras idiosincrasias y de los cambios pendulares en nuestros regímenes
políticos. (Molino, 1992).
[2] Com a sociedade da informacao deparamo-nos com um desafío
ideológico, um desafío de conceito e ainda nao temos na Europa,
nem na Franca, um pensamento estruturado para este problema (Queau).” Pag.
5.
[3] Ello consistiría en hacer ejercicios de ficción e
imaginarnos como personas, organizaciones o estados nacionales insertos
en las grandes ligas y agendas mundiales, esto es en el centro de la acción
global. Podemos, legítimamente bregar para crear o al
menos formar parte de una zaga donde pasaríamos a hacernos cargo
de las discusiones, debates y a intervenir con voz y voto en los conflictos
y decisiones de los centros donde se define un nuevo orden de la
información, la comunicación y el conocimiento. Camino abierto,
con grandes posibilidades (y grandes riesgos), pero que dejamos a otros
con mayores capacidades de imaginación y movilización de
voluntades.
[4] Este proyecto se ha llevado a cabo al interior de una asignatura
en política de información de un recientemente creado Magister
en Bibliotecología e Información en Chile (Cubillo et
Al, 2003). El Programa de Magister tiene un carácter semi-presencial
y es ofrecido en su primera versión desde inicios del año
2003 por el Departamento de Información y Comunicación de
la Universidad de Playa Ancha, Valparaíso, Chile. Los más
de 100 textos completos organizados en tal mapa- el que ha sido llamado
RAAR
Colectivo en políticas de información- son de libre
disposición en la Web, tienen diferente procedencia y están
escritos en español, portugués, inglés y francés.
RAAR es la abreviatura de la expresión Recursos de Auto Aprendizaje
en la Red. Lo de colectivo alude a la participación de graduandos
y el facilitador en la búsqueda y selección de la información.
[5] Cuando hablamos de grupos investigativos fuertes en políticas
de información estamos pensando, por ejemplo, en grupos equivalente
a los mantienen las Universidades de Toronto (Canadá) <www.fis.utoronto.ca/research/iprp/>
o de Maryland (EEUU) <www.cip.umd.edu/>
[6] Estudiantes del Magister en Bibliotecología e Información
(Universidad de Playa Ancha) (Versión 1, 2003-2004)
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Sobre o autor / About the Author:
Julio Cubillo
jcubillo@jcasociados.cl
Consultor
JC Asociados S.A.
Pampa Alta, Cerro Grande. La Serena, Chile.